28 Ene

Avalado el despido disciplinario de una empleada (representante de los trabajadores) de una pescadería por llevarse un producto a un precio inferior al real y utilizar la identidad de otro compañero

El despido disciplinario por transgresión de la buena fe contractual y abuso de confianza en el desempeño del trabajo es un concepto muy genérico que da lugar a múltiples sentencias en los tribunales para determinar cuándo sí (y cuándo no) cabe declarar la procedencia del despido.

Un ejemplo muy reciente es esta sentencia en la que se avala la declaración de procedencia del despido de una trabajadora (que era representante de los trabajadores) de una pescadería que se llevó un producto a un precio inferior (etiquetando un pescado más barato en lugar del que correspondía) y utilizó la identidad de otro compañero para expedir el ticket de caja (sentencia del TSJ de Cantabria de 20 de diciembre de 2018).

El caso concreto enjuiciado

Una trabajadora (que era representante de los trabajadores) prestaba sus servicios en la sección de pescadería de un centro comercial desde el el 5-4-1999 con categoría de profesionales y salario bruto mensual de 1.448,38 euros.

El 5-3-18 por la mañana (lunes) la demandante procedió a partir y preparar un rape, quitándole la piel. Acto seguido, lo pesó y apretó la tecla correspondiente al precio de la pescadilla (inferior al del rape). Para realizar esta operación utilizó el número secreto de un compañero de trabajo, quien previamente le había autorizado su utilización.

Al salir de trabajar, la empleada fue interceptada (en la calle) por el jefe de Seguridad del centro referido, quien la condujo a su oficina -despacho donde procedió al registro de la bolsa que portaba la trabajadora. Al advertir la existencia de un pescado que no coincidía con lo ticado, conminó a la demandante a que acudiera al despacho del jefe de personal con quien admitió que había pesado el pescado después de destriparlo, así como la utilización del número o clave de un compañero.

Finalmente, tuvo lugar una reunión en el despacho del jefe de administración a la que asistió una delegada sindical y una representante de los trabajadores (y finalmente el compañero al que suplantó). La empleada admitió los hechos y la compañía procedió a sancionar con varios días de suspensión al compañero que le prestó su número y a la empleada con el despido.

En concreto, el despido disciplinario estaba motivado en base al art. 54.2 d del Estatuto de los Trabajadores y a los art. 55.2 y 13 del Convenio Colectivo de Grandes Almacenes.

La sentencia del TSJ

El TSJ avala la declaración de procedencia del despido disciplinario efectuada por el Juzgado de lo Social. En primer lugar, en su sentencia, el TSJ deja claro que existe prueba testifical además del reconocimiento de los hechos por parte de la trabajadora, y que la petición de exhibición del bolso por parte del Responsable de Seguridad junto a un Vigilante a la salida del centro forma parte de los controles rutinarios conforme a la normativa interna de un gran centro comercial.

Además, deja claro el TSJ, es muy claro el resumen que hace la sentencia para declarar procedente el despido en su Fundamento de Derecho Tercero: «La trabajadora vulneró varias órdenes de la empresa y parece razonable que ésta no vuelva a confiar en ella: se vendió a sí misma un pescado (prohibido), utilizó el número de un compañero para ello (prohibido), lo hizo en tiempo de trabajo (prohibido), el pesaje lo realizó en neto y no en bruto (prohibido), y finalmente, engañó a la empresa al ticar la tecla de una pescadilla cuando lo que adquiría era rape, más caro que aquella».

Y en cuanto a la apertura de la bolsa de la trabajadora, entiende el tribunal que en este caso la actuación de la empresa era necesaria para la adecuada protección del patrimonio de la empresa, sea cual fuere el sentido propio, técnico o usual que a tal expresión quiera darse.

Se practicó al salir del centro de trabajo cumpliendo las horas de trabajo -no se puede entender la salida del trabajo como algo ajeno a él. El comportamiento del Jefe de seguridad al requerir a la trabajadora para que abriera la bolsa que portaba y mirar en su interior, todo ello en presencia de otro trabajador y siendo ella representante sindical, respetó al máximo la dignidad e intimidad de la demandante; de hecho la empleada reconoció los hechos sin mayor objeción -cuestión distinta es que ponderase la trascendencia de los actos cometidos-.

Y la conclusión de todo ello, zanja la sentencia, es que existió una actuación empresarial plenamente ajustada a la dignidad y a la legalidad, atendidas las circunstancias del caso. Por todo ello, declara la procedencia del despido.

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