30 May
despido improcedente insultos y amenazas

Declarado improcedente el despido de un trabajador que insultó a la encargada y golpeó una mesa, dado su estado psiquiátrico

El Estatuto de los Trabajadores recoge como causa de despido las ofensas verbales o físicas al empresario o a las personas que trabajan en la empresa o a los familiares que convivan con ellos (art. 54.2.c del ET). El problema es que la redacción es tan genérica que son los tribunales los que van delimitando en qué casos sí en cuáles no cabe declarar la procedencia del despido en función de que se cumplan los requisitos de la “gravedad” y “culpabilidad”.

Un buen ejemplo es esta sentencia del TSJ de Castilla y León del 6 de mayo de 2019 en la que declara la improceencia del despido de un trabajador al entender que los hechos no revestían la suficiente gravedad como para justificar el despido y tener en cuenta además el estado psiquiátrico del empleado motivado por una serie de conflictos laborales preexistentes.

El caso concreto enjuiciado

Una compañía procedió a despedir disciplinariamente a un trabajador por registrar la mesa de la encargada y por mantener una discusión con ella en la que, además de insultarla repetidamente (“mentirosa”, “cínica”, “chivatos”), golpeó repetidamente la mesa en la que ésta se encontraba.

En un momento dado, el empleado, muyalterado, y subiendo cada vez más el tono, comenzó a recriminarle a la encargada que ella tenía la culpa de que no le pagaran unos pluses, y de no alcanzar en relación con los mismos un acuerdo con la empresa, al haberle dicho ella que no se los pagaran.

La encargada le respondió que eso no era verdad, que ella no había intervenido en las negociaciones, momento en el que el actor comenzó a gritarle que era una “mentirosa” y una “cínica” y que ella tenía la culpa de todo, dando golpes en la mesa en la que ella estaba sentada.

La encargada le pedía que se tranquilizara y le ofreció llamar por teléfono en su presencia a otra persona de la empresa para que ésta le aclarara que la encargada no había tenido nada que ver en las negociaciones.

Se da la circunstancia de que el empleado estaba en tratamiento en el Servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Palencia desde enero de 2012 derivado por su Médico de Atención Primaria con el diagnóstico de ansiedad y acudió a consulta hasta noviembre de 2012.

En julio de 2014 reinició el tratamiento psicológico y se le derivó a la Asociación Pavía de Acoso Laboral. Se le diagnostica trastorno adaptativo con sintomatología ansiosa por sentimiento de acoso laboral y rasgos obsesivos de personalidad.

El TSJ ratifica la declaración de improcedencia efectuada en primera instancia por el Juzgado de lo Social. Entiende el TSJ lo siguiente:

  • Expresiones proferidas por el trabajador y dirigidas a la encargada, sin que conste la presencia de otras personas en el momento de proferir las mismas: “mentirosa” (en repetidas ocasiones) y “cínica”. No se puede tomar en consideración la expresión de “chivatos”, que empleó como referencia a otros trabajadores y no dirigida a los mismos, sino en la conversación con la encargada y en la telefónica con otra persona de la empresa.
  • Tampoco se puede tomar en consideración la referencia a que la encargada le había dado una puñalada por la espalda (en sentido figurado, obviamente) y que se le iba a devolver, puesto que no iba dirigida a la encargada, sino que la empleó en la conversación telefónica con otra persona de la empresa y si la encargada lo oyó fue porque siguió al trabajador para escuchar su conversación telefónica con esa persona.
  • Imputaciones hechas a la encargada: le recriminó que ella tenía la culpa de que no le pagaran unos pluses, y de no haber alcanzado un acuerdo con la empresa sobre los mismos, al haberle dicho ella que no se los pagaran. La llamada telefónica fue ofrecida por la encargada para que otra persona de la empresa le aclarase que la encargada no había intervenido en ese conflicto.
  • Actitud del trabajador: se encontraba alterado, hablando en tono alto y dio algunos golpes en la mesa en la que estaba la encargada; además mientras la encargada llamaba por teléfono a la otra persona el trabajador gritaba de fondo.

Entiende el TSJ que las expresiones utilizadas no fueron especialmente vejatorias, ni consta que fueran proferidas en presencia de otras personas, sino en el marco de una discusión con la encargada.

Es cierto, razona la sentencia, que son expresiones sancionables, pero sin alcanzar la gravedad necesaria para la máxima sanción laboral. En cuanto a las  imputaciones, las mismas no son ni siquiera ilícitas, puesto que no se imputa hecho ilícito alguno, sino una mera circunstancia laboral.

Lo más reprobable en definitiva, entiende el TSJ, lo constituye el tono elevado empleado y los golpes dados sobre la mesa, en la medida en que reflejan una actitud violenta, pero la gravedad en este caso viene excluida porque esa actitud no conllevó ninguna amenaza ni gesto de agresión y desde el punto de vista subjetivo existe una circunstancia atenuante, como es la afectación psíquica del trabajador por el conflicto laboral en el que se encuentra inmerso desde hace años.

No se trata de que la conducta del trabajador sea lícita y no sea reprobable, sino que la gravedad del reproche jurídico no es máxima y la sanción aplicable no sería la de despido, reservada para las faltas laborales muy graves.

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